¿Quién era el patricio que poseía la mayor parte del terreno de nuestro barrio y de Villa Dolores?
El nomenclátor de la Intendencia nos dice que fue un «comerciante español de Montevideo antiguo, propietario de una gran extensión de campo en la zona donde se encuentra esta calle». Con el aporte de Alberto Perez Iriarte, buen amigo de Vivir La Mondiola que nos ha conducido al portal «Orgullo y prejuicios de las familias patricias», podemos añadir bastante más acerca de este hombre, nacido en 1786 en la pequeña localidad mediterránea de Canet del Mar, cerca de Barcelona, hijo de Jaime Buxareo y de María del Rosario Alsina.
Llegó a Montevideo en 1811, con 25 años, y veintitrés años más tarde era un poderoso capitán de empresa: un padrón de 1836 anota los treinta y un negros esclavos que tenía en su saladero, número que aumentará a treinta y ocho en 1841. Aquel saladero funcionaba en un campo que se ubicaba desde la actual Avenida Luis Alberto de Herrera y Ramón Anador hasta la costa de La Mondiola, incluyendo el predio que hoy ocupa el parque de Villa Dolores, siempre siguiendo al sur por la línea de la que hoy es calle con su nombre.
Allí se hacía tasajo que se exportaba a Cuba en barcos de propiedad del mismo Buxareo. Las naves retornaban cargadas de sal para el establecimiento, y de distintas mercaderías destinadas a surtir a pulperías montevideanas.
Félix Buxareo se había casado en 1818 con Petrona Robledo Santos, hija de Manuel Robledo, quien había llegado a construir una modesta fortuna. Su chacra próxima al Arroyo de los Pocitos fue de hecho la base inicial del saladero instalado más tarde por su yerno, nuestro protagonista.
-Cuatro hermanas para cuatro hermanos
De los hijos que doña Petrona le dio a Félix, cuatro mujeres -Plácida, Felicia, Carmen y Margarita- se casaron con cuatro hermanos Cibils que habían venido a Montevideo desde Sant Feliú de Guixols, también en Cataluña.
En viejos libros parroquiales montevideanos quedaron asentadas aquellas cuatro uniones: Plácida Buxareo Reboledo contrajo matrimonio con Jaime Cibils Puig, el hermano mayor y jefe de la familia Cibils, hombre cuya alucinante carrera empresarial superó aún largamente a la que había hecho su suegro, Félix Buxareo, para quien trabajó al llegar en 1831 a estas tierras.
En poco tiempo, Jaime Cibils levantó un imperio económico de colosales dimensiones: fundó el saladero Cibils, el dique Cibils, la Sociedad Compradora de Derechos de Aduana, el Banco Comercial, la Compañía Oriental de Seguros Marítimos, el Teatro Cibils y mil negocios más que giraron alrededor de sus tres principales devociones mercantiles: las de armador, saladerista y banquero. Sus buques llevaron el pabellón nacional a puertos de Europa, Brasil y el Caribe.
Transportaban hasta allá los productos de su saladero de Punta de Lobos, en el Cerro, un establecimiento modelo que hacía palidecer de envidia a otros industriales establecidos en el siglo XIX. Aunque más habrían de palidecer ante las audacias que Cibils y su yerno Jackson introdujeron en el gran dique seco que hicieron labrar en la piedra viva al lado del saladero, una obra faraónica para su tiempo.
La fecundidad de Plácida y sus hermanas
El artista Gallino dejó en una tela de un metro de alto la imagen de una joven frágil de enormes ojos oscuros, pequeña boca que esboza una sonrisa inocente, muy negro cabello levantado hacia atrás en un moño, y atavíos de iridiscente tela por los que asoman algunos lujos discretos. Es Plácida Buxareo, recién salida de la adolescencia y casada ya con Cibils. En los años siguientes el matrimonio llenaría su casa de niños, trece hijos dio el fecundo vientre de Plácida Buxareo.
Los emprendimientos de los Cibils Buxareo se extendieron a Argentina, Brasil y hasta la frontera con Bolivia. La descendencia de Plácida y sus hermanas se vinculó en diversos parentescos a otros nombres y apellidos ilustres del “patriciado” oriental: Larravide, Jackson, Oribe, Taranco, Herrera y Reissig, Brito del Pino, Joaquín Suárez, Leandro Gómez, Antonio Serratosa, Gabriel Antonio Pereira, e incluso José Gervasio Artígas.
Dolores Pereira Buxareo y Alejo Rossell y Rius.
Pero en lo que se refiere a nuestro barrio y a nuestros vecinos de Villa Dolores, hay que mencionar inexcusablemente a Dolores Pereira Buxareo, quien contrajo matrimonio el 24 de enero de 1885 con Alejo Rossell y Rius, comerciante también de origen catalán rico por sí mismo y administrador inteligente de la cuantiosa fortuna aportada por su esposa a la sociedad conyugal.
El matrimonio aplicó gruesas sumas de dinero a la beneficencia pública. Se debe a esta pareja la creación del Hospital de Niños que lleva sus apellidos, levantado en terrenos de la propiedad de la familia Pereira junto al Parque Batlle, la donación del zoológico de Villa Dolores, la construcción de viviendas para obreros en distintos barrios -entre ellos un «conventillo» aún existente y en uso en La Mondiola, sobre la avenida Rivera- y el legado al Estado de las colecciones de arte que alhajaban su suntuosa residencia en el 626 de la calle 25 de Mayo.

