Nos referimos a un habitual de Las 2 B, el mítico boliche que desde la esquina de 26 de Marzo y Buxareo vio pasar la historia de La Mondiola, e incluso albergó una buena parte de ella entre sus paredes.

Entre aquellos clientes del local que alguien había calificado como «viejos tomaditos» estaba un conocido escritor, Alfredo Dante Gravina, cuya vida literaria se extendió por la segunda mitad del siglo XX; cultivó el relato corto, novela, poesía, crónica, fue periodista y actor.

Si les decimos que sus obras fueron traducidas y publicadas en Rusia, Ucrania, Bulgaria, Rumanía, Checoslovaquia, Alemania oriental y China, posiblemente ustedes ya estarán deduciendo que tanto éxito tras el llamado «telón de acero» sólo era posible si la literatura de Alfredo Dante se identificaba con el modelo comunista y abogaba por él.

Efectivamente, Dante Gravina era miembro del Partido Comunista de Uruguay y su obra fue en todo momento fiel a esa causa.

Nacido en 1913, vivió en su Tacuarembó natal hasta que, a punto de terminar la secundaria, vino a Montevideo con intención de ser abogado; pero la militancia y la literatura le ganaron la partida a los textos de Derecho.

Encontró empleo en una de las cajas de previsión que antecedieron al BPS, y desde su puesto de funcionario se aplicó a una intensa actividad político-cultural que comenzó como actor de teatro independiente con vocación popular.

Fundó y dirigió Gaceta de Cultura, revista que se publicó en Montevideo entre septiembre de 1955 y abril de 1957.

Colaboró en los periódicos El Popular, La Hora y La Hora Popular. Aquel veterano que se acodaba ante un trago en Las 2 B escribió una decena de novelas, además de libros de cuentos, reportajes y poemarios.

Su coetáneo Arturo Sergio Visca, quien fue presidente de la Academia Nacional de Letras, escribió de él: «Gravina es de los pocos narradores que ha procurado dar en su obra una visión totalizadora del país.

Es éste uno de sus mayores méritos, cualquiera sean las observaciones que puedan señalarse en esa visión y las objeciones que puedan hacerse a su realización literaria. De todas sus páginas, además, surge siempre un aire cordial, efusivo y fraternal que las ennoblece».

Luis Volonté, que escribió el prólogo para la edición póstuma de «La danza macabra y otros cuentos», publicada por Ediciones de la Banda Oriental en el año 2000, señala que «en muchos de sus textos sintió la necesidad de fortalecer el mensaje en favor de una función didáctica al servicio de la causa.

Persiguiendo ese afán ilustrativo, malogró gran parte de su obra presentando a los personajes en situaciones muy esquemáticas y previsibles en papeles de buenos y malos».

Los críticos coinciden en considerar que sus mejores novelas son «Macadam» (1948) y «Seis pares de zapatos» (1964), aunque sus páginas más memorables se encuentren en dos de sus relatos cortos: «Los ojos del monte» y «La danza macabra».

La Mondiola lo vio preguntándole a una copa qué estaba pasando en el mundo, antes de fallecer en 1995, seis años después de la caída del Muro de Berlín y cuatro más tarde de que se extinguiera la Unión Soviética.