Desde la desembocadura del arroyo de los Pocitos hacia el este, se extendía al borde de la playa el barrio del Hormiguero. Fue desapareciendo conforme su fisonomía se desdibujaba, hasta ser sustituida su fachada ribereña por el muro de cemento, acero y vidrio que se alzó frente a la costa; mientras la parte que no da a la playa se fundía progresivamente con La Mondiola.
Hoy apenas guarda su memoria un callejón, el Camino de los Hormigueros, que se llamó en tiempos Camino Vecinal. Hasta no hace mucho, un negocio lucía en su cartel “Zapatería El Hormiguero”, pero en un cambio de firma, los nuevos propietarios debieron de considerar que el nombre era poco comercial, y el establecimiento perdió ese título.
Unas pocas casas bajas, muy pocas, resisten todavía, dando una vaga idea de lo que era esa zona balnearia, que antes fue áspero, duro y pobre arenal en el que se asentaban ranchos de madera y zinc poblados principalmente por inmigrantes italianos.
En el libro «Pocitos de Pereyra p’abajo», Jorge Juan Ravera convirtió en versos libres sus vivos recuerdos de los años veinte:
Barrio del Hormiguero
Terrenito de arena
Lisa y dura
Pelada
Sin Pasto
A lo sumo algún abrojo
Alguna ortiga
Y las pitas
Y los tartagales
Alambre tejido
Oxidado
Combado
Venciendo los postes
De madera gris
Rajada
Alambre tejido
Oxidado
Combado
Y panzón
Que invade la vereda
Casitas blanqueadas
Con techos de zinc
Y canaleta
Con bajada de agua
Y el aljibe
Casitas blanqueadas
Con galería
De alfajías
Cruzadas
Frías en invierno
Cálidas en verano
Casitas blanqueadas
Orgullo de pobre
Viejo italiano
Bachicha
Mal vestido
Brague molle…
Chicando
Y escupitando
Largos corros de
Saliva marrón
Sobre la arena
Lisa y dura
Pelada
Sin pasto.
