Arroyo, tango y boliche hicieron «ranas» a los mondiolenses.
Si hay un animal que simbolice a nuestro barrio, ése es la rana. El batracio saltón y nadador está unido en letra y música al nombre de La Mondiola al menos desde hace casi noventa años. Fue en 1928 cuando el tango ‘Garufa’ salió por primera vez al aire, encabezado por el verso “Del barrio La Mondiola sos el más rana”, ligando la imagen del protagonista, un mondiolense laburador y amante de la vida nocturna, con este apelativo lunfardo de «rana», que se le aplica a quien destaca por avispado o pícaro. Pero quizás llamar rana a un mondiolense ya tenía también doble sentido, porque parece que antes del éxito de la Troupe Ateniense, ya se llamaba “ranas” a los de nuestra barriada.
Es que las ranas poblaban en gran número el arroyo que separaba nuestra barriada del pueblo de Nuestra Señora de los Pocitos. Su sonoro croar acompañó las noches de La Mondiola hasta que la corriente de agua fue canalizada en 1935 y los residentes próximos al cauce pudieron entonces descansar tranquilos, según reflejan expresivamente los libros de Jorge Juan Ravera sobre aquella época del barrio. De ahí que algunos residentes del balneario de Pocitos llamaran “ranas” a los que habitaban en la zona del riachuelo y del otro lado del puente.
Y está el bar o boliche. Quien detenga su mirada en la parada de taxis que pervive en Juan Benito Blanco, al este de Manuel Pagola, observará pintado en sus paredes el nombre La Rana. Esta rotulación es el único vestigio que queda del local así llamado, que se alzó cerca de ese punto hasta bien mediado el siglo XX, y que tomó la denominación por estar en el riachuelo, como sus abundantes y ruidosas vecinas.
Tango, fauna acuática y aquel negocio emblemático se sumaron así para decirnos que si sos de La Mondiola, “sos el más rana”.
Centrándonos en el local, Felix Vergara Corbo recuperó y aportó a nuestra página hace un tiempo una foto, publicada en su día en El Tranvía 35, que dirige Walter Gonzalez. En ella se puede se leer “Almacén La Rana 1914”. Es decir que ya existiría al menos 14 años antes del estreno de ‘Garufa’. El texto que acompaña a la imagen en la veterana revista mensual nos dice que el almacén “tenía excelentes productos tanto nacionales como importados” y que a él “concurrían desde zonas alejadas los vecinos de Pocitos y La Mondiola”.
Añaden los amigos de El Tranvía 35 que “como casi todos los almacenes de aquellos tiempos, tenía sus correspondientes despachos de bebidas, en los que se tomaban la vieja y auténtica caña de La Habana y el buen vino carlón o italiano”. “El lugar era centro de reunión y de noticias”, señala la publicación, antes de detallar que quienes aparecen en la foto son “en primer lugar el dueño del almacén, Manuel Gómez Droans, el joven José Peruzzo y el parroquiano José Bonifaccino (el Tío Barba) de quien decía que era medio curandero, curaba empacho, tiraba del ‘cuerito’ y conocía mucho de yuyos”.
La foto, como apuntó en este Facebook Luis Mombru, nos devuelve la imagen del “viejo e inolvidable almacén del barrio, donde se fraccionaban hasta los fideos del caldo; eso sí, todo envuelto en papel de estraza”.
Sin embargo, los recuerdos que algunos miembros de Vivir La Mondiola tienen sobre el establecimiento difieren de lo que la foto muestra. Incluso hay quien sugiere que dadas las diferencias no debió de haber una Rana sola sino que quizás hubo más de una.
Gonzalo Rodríguez Villamil asegura que “lo que había en Benito Blanco y Pagola -La Rana- donde ahora hay un edificio de Pintos Risso que se llama Amalfi, no era ni nunca fue un almacén; era un bar bastante precario, con una cancha de bochas. Ahí paraban los guardas de CUTCSA a tomarse una y a usar el baño. Yo vivía a dos cuadras; si habré pasado por la puerta.”
“¿No sería de los antiguos Bar y Almacén?”, se pregunta Ana Elisa Epstein Seade, y Gonzalo precisa que no lo recuerda así, sino como un boliche pobre con pisos y paredes de madera, en un predio en el que surgían los primeros edificios en medio de “una especie de bañado, con matorrales de ‘tártagos’ a donde nosotros íbamos a cazar lagartijas”.
Deduce Rodriguez Villamil que pudieron ser dos locales distintos con el mismo nombre en etapas diferentes.
En cambio, Vergara Corbo está convencido de que “son el mismo, donde supieron pasar sus horas y sus copas tanto Obdulio Varela como más tardíamente Eduardo Galeano, y obviamente los atenienses cuyo rancho era uno de los primeros pasando el puentecito”. “Las referencias encontradas de los viejos nostálgicos, incluyendo una de Maneco Flores Mora –argumenta Vergara- hablan de un solo almacén, en medio de ese bajo arenoso y sin veredas ni calles, rodeado de juncos, cerca de otra construcción mas grande…
Con pisos alrededor de piedras clavadas en la arena, y el croar de las ranas del arroyo que allí se explayaba antes de desembocar; la calle Benito Blanco era por entonces la costera Vidal, equivalente de una rambla que aún no existía”.
Respecto a los ilustres visitantes del local, Washington Martinez añade a llos referidos por Vergara una experiencia propia con famosos de otro rubro: “siendo un adolescente, una tarde con mi hermano querido entramos a La Rana a tomar un refresco y grande fue la sorpresa cuando vimos al Mono Gambeta y al Cato Tejera, Mi hermano conocía al Mono del boliche de Francisco Llambí y Manuel Haedo en diagonal a lo de La Vasca, y pasamos un rato inolvidable”.
A ellos les añade José Julioi Garategui Silvera al Patrullero Vidal, y afirma que “aquellos campeones de Maracaná eran asiduos concurrentes y jugadores de bocha en ese mítico lugar en la frontera del barrio con Pocitos. Yo tomaba en esa esquina el ómnibus 149 para ir a la Escuela Industrial”.
Hay quien pone en tela de juicio si La Rana estaba del lado de La Mondiola o en la rivera correspondiente a Pocitos, aunque predominan quienes afirman incuestionablemente que era absolutamente mondiolense. “Nunca fue un boliche de Pocitos, estuvo en la margen del lado este del arroyo”, asegura Julio Garategui.
Según lo habitual en la época, el de La Rana era un público masculino, que llegó a formar cuadros deportivos con abundante hinchada, como se plasma en la foto aportada por Gabriel Díaz Di Leva (a quien le llegó de Paola De Los Santos). La instantánea, tomada en 1952 ante el frente del local, muestra un nutrido grupo presidido por un banderín del C.D. La Rana, en el que los reunidos celebran la obtención de un trofeo.
Sin duda, el desaparecido local de nuestro barrio quedó en la memoria colectiva. “No sé cómo sería en el 900 -nos dice Raúl Gómez Bruno desde una generación posterior- pero cuando yo era muchacho aún se hablaba mucho del boliche La Rana”.
