Solía verse a la entrada, retirado y contemplando el paso de los días, al gran jugador de Nacional Emilio «Cococho» Álvarez. Sus descendientes siguieron viviendo allí. Es el 3192 de la avenida General Rivera, frente al parque de Villa Dolores.
Tras una edificación convencional al frente, en dos plantas, un vistazo al interior nos muestra un corredor. A él se asoma una decena de viviendas, que esconden discretamente la vida de sus habitantes tras rejas y nailon. El tiempo las ha castigado. Mucho tiempo. Sobre la entrada del predio en una inscripción se puede leer, casi adivinar, 1910.
Pero el paso de más de un siglo no oculta que fueron construidas como unas casitas dignas y salubres, de avanzada para la época.
En ese «conventillo» de La Mondiola vivían los empleados de la familia Rosell Pereira, propietaria de la mansión y parque privado llamado Villa Dolores, que terminaría dando nombre al vecino barrio.
Fue construido por órdenes de Alejo Rosell y Rius, siguiendo una línea de actuación frecuente en la época, consistente en dar alojamiento a los obreros a impulso de una concepción entre paternalista y feudal de las relaciones laborales, un grado de filantropía y también una buena dosis de sentido práctico, para evitar el ausentismo.
Allí nacieron y crecieron familias de trabajadores, en muchos casos negros, como el gran «Cococho».
Al otro lado de la vía, Villa Dolores y su universo de lujo: lagos con cisnes y botes para pasear, animales exóticos traídos de todos los confines del mundo, figuras vegetales talladas por paisajistas europeos. Sólo una calle los separaba. Historia en un conventillo de La Mondiola.
Fotos:
-Vista actual del conventillo de Rivera 3192
-Lago con botes para pasear en el interior de Villa Dolores
-Emilio «Cococho» Álvarez residió en las viviendas
-Fachada en cuya cúspide figura la inscripción 1910
-Fachada de la planta baja, decorada con un mural de Cristina García Zorrilla, profesora de Cuenca De Pocitos.
