El único monumento en Montevideo que rinde homenaje a los afrodescendientes está en nuestro barrio. Fue un encargo de la Comisión del Centenario, en 1930, al gran escultor José Belloni. Al celebrarse los cien años de la constitución de 1830, que selló el difícil proceso de independencia del Uruguay, se quiso reconocer a quienes habían sido traídos como esclavos a estas tierras y habían aportado a la construcción del país tanto esfuerzo y dolor. Por eso, la placa con letras en relieve que se colocó al pie de la escultura de bronce decía así: «El aguatero. Homenaje a la raza negra. Comisión del Centenario de 1930». Aquel rótulo fue robado y restituido por el movimiento vecinal.
Sin duda, hay obras de Belloni (1882-1965) mucho más conocidas y ambiciosas, como La Diligencia o El Entrevero, pero quizás ninguna más justificada.
El 14 de mayo de 1932 fue inaugurado, y sigue rindiendo su homenaje en la Plaza Viera, a orillas de la avenida General Rivera, en el límite norte de La Mondiola.
Todo un símbolo en reconocimiento a una de las colectividades que primero poblaron la zona. La descripción oficial que consta en la Intendencia de Montevideo es somera:
«Clásica figura de un aguatero negro, de pie, sosteniendo sobre su cabeza un cubo de madera, recipiente en el que los hombres del oficio transportaban el agua».
Y lo hacían, en aquel Montevideo colonial, anunciándose con cantinelas como éstas:
«Agüita fresca traigo del río, para que tomen todos los días. ¡aguateroooooo!».
«¡Agua, agüita para las damas bonitas!».
«El aguatero; reparto el agua que hasta el gran río voy a buscar/Es agua dulce para lavarse, preparar mate y para amasar».
Aunque hay quien recuerda justamente que aquellos porteadores no sólo transportaban agua limpia, sino también las aguas servidas procedentes de los pozos negros de una ciudad que no disponía de saneamiento.
Un amigo de esta página, Nestor Crespo evocó así en nuestra Facebook este emblema de La Mondiola:
«Voy llegando al barrio y lo veo desde lejos, inmóvil. El sol comienza lentamente a iluminar su figura, casi sin ropa, la mano derecha sosteniendo el cántaro sobre su cabeza. Lo miro a los ojos, pero él no alcanza a verme. Mira en lontananza. Los recuerdos ya borrosos no pueden penetrar en su cabeza de bronce. El sonido de los tambores no provoca ni un solo movimiento en su cuerpo esclavizado por el metal. Hay un dejo de orgullo en sus rasgos, como si llevara sin pesares la condena de estar para siempre sobre un pedestal de granito tan duro como el corazón del mayoral que lo arrancó de su tierra. Aguatero,negro, esclavo, si pudieses cobrar vida para poder decirte ‘Perdón, mi hermano’…»
Fotos:
1. Escultura El Aguatero, ubicada en la plaza Viera, límite de La Mondiola y Villa Dolores

2. Placa que identifica el monumento, restituida por Vivir La Mondiola en julio de 2016