Arribaron a Montevideo en 1870, en la gran ola que arrastró desde Europa a miles de inmigrantes a finales del siglo XIX. El Uruguay iba curándose de las dolorosas heridas de la Guerra Grande, y abría sus puertas a los europeos dispuestos a aportar el trabajo de sus brazos y de su inteligencia para desarrollar la joven nación. Se calcula que seis de cada diez habitantes del Uruguay en 1860 eran extranjeros.
Desde el Véneto, la familia atravesó norte de Italia, Mediterráneo y Atlántico en un sacrificado viaje que los trasladó hasta Montevideo a bordo de uno de aquellos buques insalubres en los que se aglomeraban abigarradas multitudes de distintos orígenes, amalgamadas por la escasez y la esperanza. Quizás nadie haya descrito mejor los inacabables y atormentados viajes desde Génova hasta el Uruguay que Edmondo De Amicis en su novela-crónica “Sull’oceano”.
Al tocar tierra firme después de casi un mes, nada resultaba fácil. Ni el idioma, ni encontrar trabajo ni un hueco en el que refugiarse. Con gran esfuerzo, Giovanni Piendibene logró emplearse y consiguió alojar a los suyos en una modesta casa. Alejada del centro de la ciudad, en los arenales cercanos al arroyo de los Pocitos. Un día el ancho río, habitualmente tranquilo, se desató en un cruel temporal. Si arrasó parte del hotel de la playa, imaginen cómo destrozó la frágil vivienda de los Piendibene que se alzaba junto a la costa. Vuelta a empezar. A la mente de Giovanni vino el recuerdo de que el bello teatro de ópera de su natal y amada Venecia se llamaba “La Fenice”, el ave fénix que renace de sus propias cenizas.
La referencia al coliseo musical veneciano no es casual. Porque si hasta aquí esta historia podría ser la de muchas otras familias de emigrantes italianos, la nuestra se distinguía por una característica: el amor por el arte que el patriarca les inculcó a sus ocho hijos. Juan dominaba el violín y el clarinete, otro era un virtuoso del piano… Formaron una orquesta que actuaba en bailes públicos y fiestas privadas. Pero esta fuente de ingresos no alcanzaba para abastecer a la numerosa prole, y los hermanos Piendibene recurrieron a otra de sus capacidades, las artes plásticas.
La empresa Piendibene, encabezada por Juan, aplicó aquella habilidad a la pintura y restauración artística. Juan y su esposa, Rosa Ferrari, crearon su familia en Buxareo y Benito Blanco, y más tarde establecieron la firma comercial en Francisco Llambí, donde vivieron en sus últimos años.
El valioso trabajo de la familia se plasmó en el esplendor de iglesias y edificios de Montevideo. Numerosas imágenes, retablos, paredes y techos llevan su sello. Entre los templos en los que podemos gozar del anónimo arte de los Piendibene está en Pocitos la hermosa Parroquia de San Juan Bautista, construida entre 1899 y 1926.
Fallecido Giovanni, Juan lo sustituyó al frente de la familia en otra importante responsabilidad: la tutela de su hijo menor, muy chico cuando se quedó sin padre. Era, como ustedes ya habrán deducido, José Piendibene Ferrari, una gran personalidad de La Mondiola que no siguió la tradición pictórica y musical familiar, pero a quien todos conocemos también por su virtuosismo en otro arte, el del balompié. Llamado con justicia “El Maestro”, escribió de él Diego Lucero en 1935, siete años después del retiro del deportista: «Salve Divino Maestro, Señor de la Cortada, Rey del Pase, Monarca del Cabezazo, Emperador de la Gambeta, Sultán del Dribbling, Soberano del Taquito».
José Antonio, hijo de Juan, dirigió hasta jubilarse la empresa Piendibene y Hermanos. Luego se fue con su esposa a vivir a la Argentina, en busca de la compañía de sus dos hijas, a ver crecer a sus nietos y legarles, junto con su cariño, el amor por las artes y la memoria de La Mondiola, la barriada costera de Montevideo a la que llegó desde el Adriático a finales del XIX su tatarabuelo veneciano.
(Con la inestimable aportación de datos de Beatriz Piendibene, hija de José Antonio Piendibene, nieta de Juan y bisnieta de Giovanni).
Fotos:
1. José Antonio Piendibene, derecha, con un amigo ante la casa de Buxareo.
2. Parroquia San Juan Bautista, con trabajos de los Piendibene en sus pinturas.

3. José Piendibene Ferrari, «El Maestro».