Eduardo Galeano no olvidó nunca La Mondiola, su barrida de la infancia a la cual vinculaba con recuerdos gratos. En una entrevista, la describe: «Vivíamos en el barrio La Mondiola, una zona denominada así que quedaba entre Pocitos y el Buceo (…) Ahora está muy construida pero entonces tenía grandes espacios vacíos que eran de libertad y de combate porque andábamos siempre organizados en bandas y reventándonos a golpes entre nosotros».
Nacido el 3 de setiembre de 1940, una época en que según sus palabras «el mundo no esperaba nada bueno» vincula su niñez en La Mondiola con una experiencia de «la libertad, una infancia vivida muy a la intemperie (…) y en aquellos tiempos, te hablo de los años 40 o 50, era aquello un espacio muy libre, mucho verde, no estaba edificado como ahora… Entonces lo que yo recuerdo de mi infancia es un viento de libertad, yo tuve una infancia muy libre y a veces me da pena cuando ando por las calles y miro lo presos que están los niños de hoy ¿no?».
Aquel tiempo de infancia y preadolescencia también fue para Galeano una época de misticismo. «En un librito mío que anda por ahí ‘Días y noches de amor y de guerra’ hay algunas evocaciones de la infancia y no son tristes sino jubilosas. Yo tuve una infancia vulgar y silvestre salvo el hecho de que fue muy marcada por el misticismo. Era un católico fervoroso y solía ir mucho más allá de lo que se suponía debía ser. Mis padres eran católicos los dos pero nunca pensaron que yo me lo iba a tomar tan en serio»
«En la pared de atrás de mi cama se mezclaba la imagen de Jesús con la de los jugadores de Nacional y dentro de mí coexistían ambas pasiones. A veces, cuando todos dormían, me ponía a rezar sobre piedritas como forma de penitencia. En esa época yo estaba seguro que iba a ser cura. Lo curioso es que al mismo tiempo era un niño normalísimo y futbolero como todos los niños uruguayos».
Violenta pelea de muchachos en la calle Osorio
La familia Hughes Galeano tuvo sucesivamente dos domicilios en el barrio, primero en Osorio y luego en Julio César. Reproducimos un hermoso relato de Eduardo Galeano, procedente de su libro «Días de amor y Guerra». En él, retrata una violenta pelea entre muchachos en nuestro barrio y hace referencia a la casa de la calle Osorio. Les invitamos a disfrutarlo.
«Recuerdo el día en que empezó la violencia. Mi hermano Guillermo estaba jugando con el Gallego Paz en la vereda de nuestra casa de la calle Osorio. Era un mediodía de verano. Sentado en el pretil, yo los miraba patear la pelota de trapo. El Gallego, mayor que nosotros, tenía fama de guapo y era el jefe de la banda. En los barrios vecinos, le abrían paso cuando llegaba».
«Hubo un gol dudoso, o algo así, y se agarraron a las piñas. Mi hermano quedó en el suelo y el Gallego, que le había apresado los brazos con las rodillas, le pegaba desde arriba. Yo lo miraba pegarle, y no me movía ni decía nada. Súbitamente algo como un gatillo se disparó dentro de mí y me nubló la mirada y me lanzó y embestí».
«No supe bien lo que ocurrió después. Me contaron que fue una lluvia de trompadas y patadas y cabezazos y que me prendí al cuello del Gallego como un perro rabioso y que no había manera de arrancarme. Recuerdo que yo estaba atónito, después, escuchando todo eso como cosa de otro, mientras temblaba y me lamía la sangre de los nudillos».
