Hubo en La Mondiola a principios del siglo XX buen número de casitas de madera que se alzaban en los arenales, unas alineadas siguiendo el recorte de la costa y otras subiendo hacia las canteras que coronaban el barrio.

El paso del tiempo las fue eliminando, sustituyéndolas por otras construcciones más resistentes.

Así llegaron primero las casas y, cuando la economía del propietario lo permitía, también se irguieron suntuosas casonas.

Y luego vinieron, avasalladores, los edificios que se alzan hacia el cielo como ávidos de sol, que hurtan a las casas vecinas.

Desaparecieron las casitas, casas y casonas de nuestra Rambla; la última superviviente sucumbió en la primavera de 2017, no le sirvió de nada ni siquiera haber sido proyectada por el gran arquitecto Julio Vilamajó. Pero una linda construcción de madera de nuestro barrio salvó la vida escapando hacia el océano.

Sus propietarios la desmontaron y trasladaron hasta la costa atlántica y aún hoy, cuidada y rejuvenecida, luce su veterana belleza al pie del faro que asoma tras su coqueto tejado a cuatro aguas, en La Paloma. Agradecemos el aporte a Amilcar Yorio Defazio.

La casita de La Mondiola