Deportista que llevó el nombre del barrio por toda América y al que Víctor Soliño, autor de «Garufa», le dedicó el tango «Canchero Viejo».
Procedente de César Jones en «Historia del boxeo uruguayo».

Esta excepcional figura del deporte uruguayo fue anunciado en la prensa capitalina como el “Tigre de la Mondiola” (en otros momentos como “el Rey de la Mondiola”), mote que hacía referencia al barrio de inmigrantes de todas las nacionalidades llegados al Uruguay, aunque en él residían también familias negras y criollas. Este barrio (…) era de casitas bajas y humildes contrastando con las gigantes construcciones de hoy, donde no faltaban los privados “bulines”, los boliches y provisiones de alimentos. (…)

Nuestro evocado Guillermo Silva había nacido el 5 de junio de 1903 en el Medio Mundo de Palermo, no en La Mondiola donde pasó su niñez y gran parte de su vida, siendo sus mejores amigos el campeón olímpico y mundial de futbol José Leandro Andrade y el veloz, varias veces campeón continental de atletismo, Isabelino Gradín, quien también fue campeón sudamericano de fútbol en Buenos Aires en 1916, integrando el terceto atacante de la celeste con el albo Romano y con su compañero aurinegro Piendibene.

Tal vez lo de La Mondiola le quedó por haber jugado de jovencito en el Oriental Pocitos, donde se destacaba con sus quites en el extremo izquierdo de la línea media, y su laburo de limpiacopas en uno de los tantos boliches del barrio. Fue allí también –en La Mondiola- donde conoció y admiró a “Peloduro” Julio César Nicolari, el laureado campeón latinoamericano de box, que fue el único púgil que en Colombes, 1924, ganó un combate en Olimpíadas. Éste le prestó sus maravillosos guantes de box “de verdad” y lo llevó al gimnasio del Boxing Club Pocitos el 7 de febrero de 1922.

De esta manera comenzaba la vida formal del boxeador que en las décadas del 20 y 30 fue ídolo de las multitudes que preferían al entonces viril deporte de los puños para experimentar y volcar en él sus contenidas emociones pasionales.

Según el periodista “el Veco” quedaban atrás “cien ojos en compota” que lo habían probado como bueno en los recios combates callejeros. Y aunque el boxeo no es deporte de cobardes, la afición deportiva vio en él un elegante caballero que demostró ser un valiente a carta cabal, tanto en aquellas peleas cuyo lucimiento fue sin par, como en otros, donde se esperó más de él.

Lo cierto es que desde marzo del lejano 1922 cuando debutó imponiéndose con impecable estilo a Antonio Fariña del Montevideo Boxing Club, a 1934 cuando realizó su última pelea profesional con su compatriota Jaime Escobar, al que derrotó por KO, el boxeo continental conoció a un atleta diferente, capaz de haber llegado a lo más alto de la difícil disciplina a nivel mundial.
Tal vez la moderada bohemia que lo acompañó de por vida, impidió que llegara al Norte, donde se disputaban los títulos importantes, y se cobraban las nutridas bolsas que parecieron no impresionarle, conformándose con lo necesario para el vivir cotidiano en su país, en el que construyó familia con hijos y nietos; y que después de su etapa deportiva, continuó su existencia como funcionario de la Contaduría General de la Nación.
Detallar su carrera no corresponde a nuestra publicación (…) pero simplificando diremos que en 1922 fue campeón de las categorías iniciales de novicios absolutos y novicios, y vice campeón nacional de los medianos, en 1923, 1924 y 1925 campeón nacional de los medio pesados, campeón sudamericano en 1924 (Santiago de Chile) y latinoamericano en 1926 (Buenos Aires), vice campeón panamericano en 1925 (Boston, U.S.A.) y campeón panamericano en el Torneo de Buenos Aires de 1926, representando al equipo conjunto de toda Sudamérica, donde derrotó en la final al norteamericano Joe Monty.

Homenajes en los cines de Montevideo

En mayo de 1926 se le realizaron festivales de homenajes en cines montevideanos, según nos consta en programas de época que atesoramos. De regreso a Uruguay, debutó de inmediato ganando K.O. 2 al campeón argentino Vicente Olivieri (al que derrotaría en varias ocasiones más) sufriendo el 8 de febrero de 1930, la primera derrota, por puntos, con el uruguayo Mauro Galusso (el púgil considerado de más dura pegada de todos los de nuestro medio, cuyos puños el 12/1/1929 habían acabado con la vida del indestructible cubano Clemente Sánchez), en pelea anunciada por el título uruguayo de los pesos pesados (aspecto que la Comisión Nacional de Boxeo de la época no convalidó, reacia a otorgar títulos), donde la expectativa de los aficionados de nuestro país llegó a la meseta más alta a nivel histórico, dividiéndose la parcialidad entre ambos contendientes.

Silva se tomó merecida revancha ante Galusso el 2/5/1931 (transformándose para su numerosa hinchada en el campeón nacional de todos los pesos), y sus victorias en el terreno rentado, disputadas en Montevideo, Buenos Aires y Santiago, alcanzaron el número de cuarenta, la mayoría ganadas contundentemente, habiendo empatado en Buenos Aires, con el internacional Kid Charol en el año 1927, justamente con el boxeador que él consideró siempre, el mejor que vio en su vida.

En 1937 Silva se presentó en la Oficina de la Comisión Nacional de Educación Física para obtener el certificado médico habilitante para retornar al boxeo profesional, pero los médicos determinaron el no otorgamiento del permiso correspondiente (expediente No 10454, 2/6/37), aspecto que Silva apeló con disgusto, hasta que pudo convencerse de que la decisión era seria y en su propio beneficio, aconsejándolo a realizar otra actividad laboral para el financiamiento de su vida.

Por la peculiaridad del dictamen médico de la citada Oficina mencionada, redactado por el especialista Doctor R. Velasco Lombardini, nos enteramos que si bien “presenta un corazón perfectamente compensado, sin perturbaciones morfológicas”, “existen anormalidades que harían sumamente peligroso exigir a ese órgano esfuerzos máximos…aconsejamos que, al menos por ahora, mientras persista esa extrasistolía, no se autorice al Sr. Silva a que realice match” (…)

El tango «Canchero Viejo»

Guillermo Silva fue figura consular del deporte uruguayo, y el tango “Canchero Viejo” nos proporcionó la oportunidad de recordarlo, ya que habiendo pasado tanto tiempo, su nombre es ajeno a la mayoría de los uruguayos de las generaciones actuales.

Sabía que existía un laureado tango uruguayo que estaba relacionado con nuestro gran atleta negro Guillermo Silva y que incluso, la letra lo mencionaba, pero ¿cuál sería? (…) Me hice de la partitura de un auténtico tango uruguayo de “pura cepa”: “Canchero viejo” (Courau-Soliño).

A texto expreso en la carátula de dicha partitura se establece que “Canchero viejo”, tango de 1927, obtuvo “Mención especial” en el Concurso efectuado –ese mismo año- en el Teatro “Urquiza” de Montevideo, agregándose que “ejecutado con gran acierto por la afamada orquesta Lomuto”.

Completan la carátula las menciones de los autores de letra y música (Víctor Soliño y Raúl Courau, respectivamente), la indicación de que fue “grabado en discos” y que la

impresión fue realizada por la prestigiosa filial montevideana de “Editorial musical Alfredo Perrotti” de Oscar Cerfoglio (“Comisiones y Representaciones, sita en Rondeau No 1319, Teléfono U 557, en Cordón).

Completan la tapa la dedicatoria “Al campeón Uruguayo de Box Guillermo Silva afectuosamente” y las fotos del citado campeón y la del músico Raúl Courau, impresas en color rojo anaranjado.

Vos que en las farras y milongas siempre fuiste /
entre todos el primero, /
el mimado en las garufas /
el más guapo y más copero, /
el “leguín” de las mujeres /
que sedientas de placeres /
se ofrecían con amor. /
Vos que sos para el querer canchero viejo /
y sabés más de polleras /
que un doctor sabe de leyes /
o Guillermo de boxeo, /
no sé cómo te has dejado /
engrupir de esa manera /
entregando tu querer a esa mujer./
Con la fama de canchero que tuviste /
lo mismo que un gil caíste /
Una mina más corrida
que un matungo /
te ha robado el corazón. /
No tenés perdón. /
Quien te haya visto en otros tiempos cuando locas /
las mujeres te seguían
y admiradas de tu pinta /
por tu amor se derretían, /
no se explica cómo ahora /
ha podido esa señora /
ser la reina de tu bulín./
Vos que en cuestiones del amor y las mujeres /
sos un loro cascoteado /
que aprendió a fuerza de golpes /
que el que anda enamorado /
es un loco de remate /
o es un pobre desgraciado, /
también estar en poder
de una mujer. “