Esta excepcional figura del deporte uruguayo fue anunciado en la prensa capitalina como el “Tigre de la Mondiola” (en otros momentos como “el Rey de la Mondiola”), mote que hacía referencia al barrio de inmigrantes de todas las nacionalidades llegados al Uruguay, aunque en él residían también familias negras y criollas. Este barrio (…) era de casitas bajas y humildes contrastando con las gigantes construcciones de hoy, donde no faltaban los privados “bulines”, los boliches y provisiones de alimentos. (…)
Tal vez lo de La Mondiola le quedó por haber jugado de jovencito en el Oriental Pocitos, donde se destacaba con sus quites en el extremo izquierdo de la línea media, y su laburo de limpiacopas en uno de los tantos boliches del barrio. Fue allí también –en La Mondiola- donde conoció y admiró a “Peloduro” Julio César Nicolari, el laureado campeón latinoamericano de box, que fue el único púgil que en Colombes, 1924, ganó un combate en Olimpíadas. Éste le prestó sus maravillosos guantes de box “de verdad” y lo llevó al gimnasio del Boxing Club Pocitos el 7 de febrero de 1922.
De esta manera comenzaba la vida formal del boxeador que en las décadas del 20 y 30 fue ídolo de las multitudes que preferían al entonces viril deporte de los puños para experimentar y volcar en él sus contenidas emociones pasionales.
Según el periodista “el Veco” quedaban atrás “cien ojos en compota” que lo habían probado como bueno en los recios combates callejeros. Y aunque el boxeo no es deporte de cobardes, la afición deportiva vio en él un elegante caballero que demostró ser un valiente a carta cabal, tanto en aquellas peleas cuyo lucimiento fue sin par, como en otros, donde se esperó más de él.
Homenajes en los cines de Montevideo
Silva se tomó merecida revancha ante Galusso el 2/5/1931 (transformándose para su numerosa hinchada en el campeón nacional de todos los pesos), y sus victorias en el terreno rentado, disputadas en Montevideo, Buenos Aires y Santiago, alcanzaron el número de cuarenta, la mayoría ganadas contundentemente, habiendo empatado en Buenos Aires, con el internacional Kid Charol en el año 1927, justamente con el boxeador que él consideró siempre, el mejor que vio en su vida.
En 1937 Silva se presentó en la Oficina de la Comisión Nacional de Educación Física para obtener el certificado médico habilitante para retornar al boxeo profesional, pero los médicos determinaron el no otorgamiento del permiso correspondiente (expediente No 10454, 2/6/37), aspecto que Silva apeló con disgusto, hasta que pudo convencerse de que la decisión era seria y en su propio beneficio, aconsejándolo a realizar otra actividad laboral para el financiamiento de su vida.
Por la peculiaridad del dictamen médico de la citada Oficina mencionada, redactado por el especialista Doctor R. Velasco Lombardini, nos enteramos que si bien “presenta un corazón perfectamente compensado, sin perturbaciones morfológicas”, “existen anormalidades que harían sumamente peligroso exigir a ese órgano esfuerzos máximos…aconsejamos que, al menos por ahora, mientras persista esa extrasistolía, no se autorice al Sr. Silva a que realice match” (…)
El tango «Canchero Viejo»
Guillermo Silva fue figura consular del deporte uruguayo, y el tango “Canchero Viejo” nos proporcionó la oportunidad de recordarlo, ya que habiendo pasado tanto tiempo, su nombre es ajeno a la mayoría de los uruguayos de las generaciones actuales.
Sabía que existía un laureado tango uruguayo que estaba relacionado con nuestro gran atleta negro Guillermo Silva y que incluso, la letra lo mencionaba, pero ¿cuál sería? (…) Me hice de la partitura de un auténtico tango uruguayo de “pura cepa”: “Canchero viejo” (Courau-Soliño).
A texto expreso en la carátula de dicha partitura se establece que “Canchero viejo”, tango de 1927, obtuvo “Mención especial” en el Concurso efectuado –ese mismo año- en el Teatro “Urquiza” de Montevideo, agregándose que “ejecutado con gran acierto por la afamada orquesta Lomuto”.
Completan la carátula las menciones de los autores de letra y música (Víctor Soliño y Raúl Courau, respectivamente), la indicación de que fue “grabado en discos” y que la
impresión fue realizada por la prestigiosa filial montevideana de “Editorial musical Alfredo Perrotti” de Oscar Cerfoglio (“Comisiones y Representaciones, sita en Rondeau No 1319, Teléfono U 557, en Cordón).
Completan la tapa la dedicatoria “Al campeón Uruguayo de Box Guillermo Silva afectuosamente” y las fotos del citado campeón y la del músico Raúl Courau, impresas en color rojo anaranjado.
