En épocas en las que en nuestro barrio abundaban más las dunas y menos el asfalto, a veces cruzaban los médanos figuras difíciles de olvidar para quienes presenciaban su paso.
El cantautor uruguayo Manuel Picón, que murió en Madrid tras dos décadas de exilio, mantenía en su retina una imagen y de ella hizo un verso para una canción, que los amigos de Vivir el Barrio La Mondiola recordarán en las voces de Eduardo Darnauchans o Alfredo Zitarrosa: «Madre, por los médanos blancos, viene descalzo ese Dios Verde».
Gonzalo Rodríguez Villamil dibujaba así al Dios Verde en un comentario en nuestra página: «A veces, en la esquina de Larrañaga y Echevarriarza tomaba el ómnibus el propio Dios Verde; recuerdo haberlo visto a las siete de la mañana caminando descalzo con su túnica impoluta… en pleno julio».
José Julioi Garategui Silvera afinaba en los detalles: «El misterioso Dios Verde tenía un atuendo blanco y una túnica verde sobre él. Inmutable a todo lo que nosotros, gurises, le decíamos y preguntábamos. Sólo murmuraba, creíamos que era mudo».
Pero no, en absoluto. Al contrario, era un incansable predicador.
Néstor, que desde su residencia en New Jersey mantiene viva la web Enlaces Uruguayos, nos relata que «con la exclamación de ¡viene el Dios Verde! se arremolinaban junto a él niños y mayores, algunos llenos de curiosidad y algo de temor; otros burlones, aunque guardando cierto respeto. Siendo un niño llegué a verlo pregonando su mensaje a mediados de los años 50 en la calle Julio César».
«Siempre descalzo -añade Néstor- el largo cabello canoso le caía sobre los hombros y una lacia barba blanca le daba el aspecto de un sabio venerable. En sus manos la Biblia y un largo palo que, como el bastón de los peregrinos del Camino de Santiago, usaba para apoyarse y marcar sus pasos».
El profesor Manuel Santos Píriz investigó en la vida de este entrañable personaje, cuyo nombre era José Salles, y data su muerte en 1970. El Dios Verde se hizo presente con frecuencia en La Mondiola a mediados del siglo pasado, pero su recorrido y su prédica cubrieron mucha más extensión.
Sigamos a Néstor en su descripción: «Personaje quijotesco que trataba de llevar a todos los rincones del país su mensaje moralista y religioso. Ya por la década del 30 anduvo predicando con su fuerte voz en los pueblos del interior».
Nos relata que se le recuerda en Salto, dando doctrina a los visitantes de las termas; en Mercedes predicando frente a la iglesia, o en Maldonado, arengando contra la vanidad y el despilfarro ante las salas del Festival de Cine de Punta del Este, ya en los años 60.
Estos versos, de la autoría de Salles, reflejan su pensamiento sobre la jerarquía católica de su época:
“Tuvo Jesús corona y fue de espinas
El Papa tiene tres de piedras finas
Cristo lavó los pies a pescadores
Al Papa se los besan los señores
Jesús humilde y pobre se condujo
El Papa ostenta un insolente lujo
Hermano fue Jesús del pordiosero
Quiere el Papa ser rey del mundo entero
Cristo llevó una cruz, el Papa en tanto
Se hace llevar en andas como un santo
Mérito hizo Jesús de la pobreza
El mérito del Papa es la riqueza
A los que Cristo echó del templo a latigazos
El Papa los recibe entre sus brazos”
«Uno de sus admiradores -volvemos a Enlaces Uruguayos- fue el político Eduardo Víctor Haedo, que valoraba mucho su ejemplo de vida austera. Lo había conocido una tarde en que Haedo, siendo Consejero de Gobierno, vio al Dios Verde predicar en la Plaza Independencia. En Punta del Este, lo invitó a conversar a su famosa casa La Azotea».
Frugal hasta el extremo, pobre siempre generoso con otros pobres, conocedor de memoria de muchos pasajes de la Biblia, fustigador de quienes se daban a la ostentación, al sexo o a la timba; fue una figura imborrable para quienes lo vieron cruzar los médanos blancos de nuestra costa mondiolense.
Imagen de José Salles «El Dios Verde» recuperada a partir de una fotografía aportada por Ana María García Lanza