El científico de cabellos revueltos, prematuramente plateados, llegó paseando con sus amigos hasta el puente de La Rana, sobre el arroyo de los Pocitos. Desde allí observó a los numerosos muchachos que jugaban animadamente al fútbol sobre los arenales del Hormiguero, puerta de La Mondiola, en un paisaje de barcas de pesca recostadas al sol y ranchos salpicados entre las dunas, a orillas del gran río salobre. Era abril de 1925.
Con aquellas y otras imágenes montevideanas aún en la retina, de regreso a la Alemania de entreguerras, Albert Einstein escribió en su diario de viaje: «En el Uruguay encontré una cordialidad auténtica como pocas veces en mi vida. Encontré ahí amor a la tierra propia, sin el menor delirio de grandeza».
No quedaron imágenes del Premio Nobel de Física de 1921 asomándose a La Mondiola, en aquella soleada mañana otoñal en que recorrió la Rambla desde Trouville hasta el riachuelo que marcaba el inicio de nuestra barriada. Fue seguramente el más personal de sus paseos por Montevideo, acompañado por amigos de la comunidad judía entre los que sobresalía Nahum Rosenblat, en cuya casa se alojó.
Durante su estancia, pronunció tres conferencias a sala llena en el Paraninfo de la Universidad de la República; fue recibido por el presidente José Serrato y por el Senado; visitó una escuela pública; vio las obras -prácticamente terminadas- del Palacio Legislativo; compartió una cena con miembros de la colectividad judía en el Hotel del Prado; se reunió con el representante de Alemania en el Uruguay, y asistió a una función de ópera en el Teatro Solís. Conoció el centro de la ciudad, el Parque Rodó y la Ciudad Vieja, en la que apreció cierto «aspecto colonial».
El viaje formó parte de un itinerario de seis semanas en América del Sur, con etapas en Argentina y Brasil, además de nuestro país. El 24 de abril Einstein llegaba al puerto de Montevideo, a bordo del vapor de la carrera «Ciudad de Buenos Aires”, y el 1 de mayo partía hacia Río de Janeiro. Una de las fotos que ilustra esta nota registra el momento en que el científico desciende por la pasarela del buque que lo trajo a territorio oriental.
Pero la foto que más ha pervivido de la visita de Albert Einstein al Uruguay es la que da fe de la animada charla que mantuvo con el filósofo Carlos Vaz Ferreira en un banco de la plaza de los Treinta y Tres. Fue el Nobel quien solicitó conocer al pensador uruguayo. Aquella conversación –en francés, lengua que utilizó constantemente Einstein en nuestro país- continúa eternamente, congelada en bronce, en el monumento que la recrea cerca de donde tuvo lugar.
Allí, ambos siguen desgranando sus argumentos, que dejaban atónito a un periodista de la época: “Mi concepto del universo es circunferencial; partiendo de un punto, la línea parece que se aleja de él, pero en realidad a él se acerca y en él termina. Quiero decir que lo que se aleja, se acerca; lo que se va, viene; que lo que está aquí, está realmente allí.
Que la luz es sombra, que lo que es, no es…», comenzó Einstein. «No creo tanto, pero sí, que lo que se aleja, puede en realidad estarse acercando; que lo que está aquí, puede realmente estar allí; que la luz puede ser la sombra. Que las apariencias engañan, que lo que es, puede ser que lo sea y puede ser que no», replicó Vaz Ferreira, según las notas taquigráficas del asombrado reportero.
Posiblemente, después de tan enjundioso comienzo, el diálogo se fue aligerando y pasó a temas menos profundos, como las preferencias literarias o musicales de uno y otro, y el alemán le comentó su admiración por Bach, Mozart, Shakespeare, Cervantes y Anatole France.
Pero no interrumpamos a Vaz y Einstein en el perpetuo y afectuoso diálogo que siguen manteniendo en la céntrica plaza de los Bomberos. Pasado más de un siglo desde la publicación de la Teoría de la Relatividad, evocamos la figura de aquel judío de 49 años que, asomado a un pobre puente de madera en La Mondiola, sigue con la vista el gambeteo de los jóvenes jugadores en la playa y registra en su cuaderno de notas la imagen de una sociedad que respiraba “cordialidad auténtica”.
Fotos:
-Llegada de Albert Einstein en el Vapor de la Carrera
-Vaz Ferreira y Einstein dialogan en la plaza de los Treinta y Tres
-Recreación en bronce de la histórica conversación