Juana de Ibarbourou, la gran poeta o poetisa -elijan ustedes la denominación que prefieran- de Uruguay e Iberoamérica, vivió entre 1942 y 1947 en esa zona en que La Mondiola se besa con el Río de la Plata y que alguien llevado por intenciones comerciales inmobiliarias quiso rebatizar «Costa del Mar».
Al principio, Juana no estaba muy convencida de querer una gran casa sobre la Rambla, pero finalmente accedió ante la insistencia de su esposo. Paradójicamente, cuando la artista, con su hijo y su madre, se instalaron en la mansión, Lucas Ibarbourou ya había fallecido.
«Amphion», así escrito, fue el nombre con el que Juana bautizó a su nuevo hogar. Anfión y Zeto eran, según la mitología griega, los dos hijos gemelos de Antíope y Zeus, hermanos bien avenidos y complementarios: mientras Zeto sobresalía en las labores físicas, como la ganadería,
Anfión era delicado, aficionado a la música y el arte. Parecería que Juana de Ibarbourou quería expresar su identificación con Anfión, y así manifestar que no consideraba su plena dedicación al arte como superior sino hermana de los trabajos manuales.
Mientras la escritora vivió en esa casa, publicó el libro de relatos “Chico Carlo” (1944), la obra teatral para niños “Los sueños de Natacha” (1945) y el radioteatro “Puck” (1946).
Dificultades económicas obligaron a la artista a vender la propiedad, que pasó a albergar durante un tiempo la legación diplomática de Bélgica. Posteriormente, en aquel predio de la Rambla del Perú 1503 se levantó un sinuoso y futurista edificio de apartamentos que sigue llevando el nombre «Amphion».
Al trasladarse a La Blanqueada y recordar el barrio asomado a la playa en que había morado, Juana escribió su hermosa y nostálgica «Elegía por una casa»:
   
¡Ay espada del agua ya perdida!
¡Ay rama de la mar que no contemplo!
¡Ay viento, todo el día canturreando
sin la salobre fuerza en el aliento!
¡Ay viento de entre árboles, cortado
bajo retazos de menudos cielos!
 
Digo mil veces que me estoy ahogando
y sólo veo alrededor sonrisas.
Me estoy ahogando, vertical y en medio
de una avenida gris, ruidosa y lisa.
 
Ni una huella de pez hiende los aires.
Y yo me muero de ansias marineras.
Tenía mi casa tres ventanas puras,
y en torno, piedras, y hasta el mar, arena.
 
Aquí la tierra, ni siquiera es tierra;
no tiene azul, ni libertad, ni aurora.
Se han vuelto acero hasta las golondrinas,
y de hierro y estaño son las hojas.
 
No veo ya la barba del verano,
ni el caballo de vidrio del invierno.
¡Un balcón a una calle toda tráfico,
Y un sol lejano, sin pasión, ascético
 
-Foto de la casa en que vivió Juana con anotaciones de la escritora
-Una de las imágenes más conocidas de Juana de Ibarbourou
-Edificio «Amphion» ubicado hoy en Rambla del Perú 1503