¿Grarufa fue portuario, vecino del Cerrito, porteño o dandy del 900? En realidad, la letra de «Garufa» dice bastante poco de su protagonista. El tango, de cuya creación se están cumpliendo 90 años, describe a un mondiolense laburante, amigo de pilcharse bien en el fin de semana, de frecuentar las milongas y de enlazar la noche de baile con el alba asomado a un tazón de café con leche y una ensaimada. No son demasiados datos para identificarlo, suponiendo que el tipo descrito por Roberto Fontaina y Víctor Soliño se base en un individuo real. Lo cual es mucho suponer, porque cabe pensar que sea un puro personaje de ficción que sólo vivió en la mente de sus creadores.
Sin embargo, existen quienes afirman tener pistas certeras sobre el Garufa verdadero. Hasta nosotros han llegado cuatro versiones, cuatro perfiles para aquél que era «el más rana». Un póquer de Garufas en el cual, al poner las cartas boca arriba, aparecen un mulato portuario, un porteño, un vecino del Cerrito y un dandy.
Uno de los relatos lo sitúa a cientos de kilómetros de La Mondiola. «Mi abuelo, de Buenos Aires, conoció a Víctor Soliño -asegura Guido Ignacio Zito– y el letrista de ‘Garufa’ le contó que hizo el tango para un personaje argentino, que le gustaba ir a bailar al Parque Japonés, y que lo de La Mondiola se lo puso para homenajear al rancho donde la Troupe Ateniense se juntaba en los veranos y algunos fines de semana, y que nunca hubo un barrio con ese nombre». Aquí hemos de disentir forzosamente pues, según lo que nosotros sabemos, el refugio de los atenienses se llamaba La Aurora  y La Mondiola era la barriada.
En cambio, el escritor José Julioi Garategui Silvera no alberga ninguna duda de que Garufa fue un mondiolense de pura cepa, nacido y criado en el barrio. «Era un mulato que trabajaba en el puerto de Montevideo y vivía aquí con su vieja». El joven portuario bajaba hasta la calle San José a disfrutar de sus aficiones milongueras y terminaba el recorrido en la confitería Siam, ya de vuelta en La Mondiola.
Ese era el punto donde degustaba ensaimada y café con leche recién hechos. Si a usted se le ha ocurrido pensar que también podría desayunarse en el Hispano, por ejemplo, en la misma calle San José, Garategui lo saca de su error: «las ensaimadas, en Siam, nada más». ¿Pero dónde vivía?. Martha Chust asegura saberlo: «en la calle Pereira de la Luz vivió en una carpintería el afamado Garufa», afirma.
Un vecino del barrio -de cuyo nombre no queremos acordarnos, pero del que diremos que es marino retirado y fue llamado «el Hércules uruguayo» cuando de joven se dedicó a la halterofilia- afirma que la verdad es muy otra: «Garufa era del Cerrito de la Victoria», asegura tajante. «Lo que sucede es que para la métrica de los versos del tango no iba bien decir ‘del Cerrito de la Victoria sos el más rana’, y por eso pusieron el barrio La Mondiola en la letra». Ahí queda y juzguen ustedes.
El único Garufa del que tenemos nombre y apellidos es Roberto Cantó Francis, apodado Tito. «Mi tío abuelo -nos explica Ana Atanasio Dolder– nació en 1900. Era muy bonito, estudió en el Colegio Alemán y fue de los primeros montevideanos con auto. Gozaba de gran éxito en la playa y fuera de ella, a pesar de lo cual se casó tras veinte años de noviazgo. Todo un dandy, según mi madre».
No vivía en La Mondiola, sino en Luis de la Torre. «Participaba en la Toupe Ateniense, era amante de la noche y de las copas, y siempre supimos de primera mano y sin duda que él fue el inspirador del personaje de Garufa».