MISTERIO EN LA CASA DE LA MONDIOLA
Fue a mediados del sesenta que acompañé a mi padre a la casa de Sebastián Graeff. Recuerdo aún el olor de la enredadera florecida que tomaba toda la pared lateral y una parte de la fachada; fuimos, lo recuerdo, a llevarle unas resmas de hojas y cintas para la Remington que habían llegado desde Buenos










